Las huellas humanas más antiguas de la cuenca de Sącz tienen entre cuarenta y quince mil años. Es el Paleolítico superior, cuando por los fríos valles vagaban cazadores con armas de sílex en la mano.
Dejaron tras de sí bien poco: hallazgos sueltos, esquirlas de pedernal. Apenas algo más quedó de los labradores de la Edad de Piedra, los primeros que vinieron a arar esta tierra: el Neolítico dejó en la cuenca tan solo unas pocas huellas.
Recintos de la Edad del Bronce y del Hierro
Con más audacia marcaron su presencia las gentes de la Edad del Bronce y de la primera Edad del Hierro.
En Maszkowice levantaron un recinto fortificado, activo entre los siglos XVII y XIII antes de Cristo, vinculado a la cultura de Otomani-Füzesabony, cuyos centros se hallaban sobre todo al sur de los Cárpatos. Un segundo recinto, en Marcinkowice, funcionó desde comienzos del primer milenio hasta el siglo VI antes de nuestra era.
En la parte norte de la actual Podegrodzie se hallaron huellas de la cultura de Púchov, de los dos últimos siglos antes de Cristo, y de la cultura de Przeworsk.
Los eslavos, por su parte, aparecen en la cuenca en la primera mitad del siglo VI: dan fe de su llegada unas pocas tumbas junto al arroyo Barczynka.
Naszacowice, o el recinto anterior a los Piastas
En la Alta Edad Media la cuenca estaba ya densamente poblada: cerca de cuarenta poblados abiertos se esparcían por ambas orillas del Dunajec. Los recintos fortificados, en cambio, se levantaban en la orilla izquierda, cerca de los bosques, donde era más fácil hallar madera y refugio.
Señor de esta comarca era el recinto de Naszacowice, fundado probablemente hacia mediados del siglo VIII.
Los arqueólogos del Instituto de Arqueología de la Universidad Jaguelónica, dirigidos por Jacek Poleski, excavaron aquí desde 1983 durante catorce campañas, hasta 1997. Sacaron a la luz un recinto de varias partes, de unas 15 hectáreas, con terraplenes reconstruidos una y otra vez, en los que yacían capas de incendios.
El recinto tuvo cuatro fases de construcción –la última ya piasta– y sobrevivió a la incorporación de la Pequeña Polonia al Estado de los Piastas, pues aún servía en el siglo XI. Poleski publicó la monografía del yacimiento en el año 2004.
En el siglo IX surgieron junto a Naszacowice dos recintos menores, en Chełmiec y Marcinkowice: probablemente refugios donde se guarecían las gentes en tiempos de peligro. Ambos quedaron desiertos en el siglo X.
Los tres pasan por centros locales de poder de los tiempos anteriores a la llegada de los Piastas.
El primer Sącz estaba en Podegrodzie
Quien busque la cuna de Sącz en la plaza mayor de Stary Sącz se llevará un chasco. El primer «Sącz» fue un centro de poder en la frontera de los Piastas y se encontraba en la parte norte de la actual aldea de Podegrodzie. La arqueología no ha hallado ningún asentamiento anterior a la fundación en el lugar de la ciudad de hoy.
Primero se alzó allí el recinto de Zamczysko, sobre un espolón aislado por un foso, activo desde mediados del siglo XI. Ardió entre los siglos XI y XII.
Unos seiscientos metros al sur se levantó entonces un recinto mayor, llamado Grobla, con un terraplén de estructura en capas alternas. Ardió y fue reconstruido al menos cuatro veces, y sirvió hasta la segunda mitad del siglo XIII.
Aquí residían los más antiguos castellanes de Sącz: las excavaciones confirmaron la vieja hipótesis de Andrzej Żaki de que la sede de la castellanía debía identificarse precisamente con Grobla.
Al norte de Grobla se desarrolló un arrabal en torno a la iglesia de Santiago el Mayor, probablemente fundación real de los siglos XI o XII. De ese «pod grodem» («bajo el recinto») tomó su nombre Podegrodzie. La primera mención escrita de esta iglesia, sin embargo, no llega hasta el año 1310.
Los castellanes de Sącz
En las fuentes escritas, los castellanes de Sącz aparecen desde el año 1224. El primero conocido por su nombre fue Chwalisław, que acudía a las asambleas de Lesco el Blanco en 1224 y 1227.
El castellán ejercía en nombre del príncipe el poder judicial, administrativo y militar: era en su tierra el ojo, la mano y la espada de su señor. Bajo Boleslao el Casto, la castellanía de Sącz se contaba entre los cargos de «importancia moderada», junto a Brzesko, Czechów, Wojnicz y Zawichost.
Hacia 1273, los castellanes desaparecen de las fuentes como una vela apagada de un soplo. Krasnowolski supone que hacían sombra al poder de la princesa Kinga, nueva señora de esta tierra.
Y la tierra despertaba ya a una vida nueva. Entre 1251 y 1268 Łącko fue un dominio caballeresco en manos de los canónigos del Santo Sepulcro de Miechów; en 1256 se mencionaba Podolínec, unido más tarde a la región de Sącz.
Kinga, desde 1255, firmaba junto con su esposo los documentos de este, y su camarero entre 1256 y 1258 fue Janusz, del linaje de los Topór. Un gran cambio flotaba en el aire.