Nació el 5 de marzo de 1234 en Esztergom, hija del rey Béla IV de Hungría y de María Láscaris, de la casa imperial bizantina. Su sangre era, pues, real por ambas partes.
A los cinco años, en 1239, llegó a Polonia, y en Wojnicz la prometieron a Boleslao, hijo de Lesco el Blanco. La boda se celebró en Cracovia «después de 1246», y el matrimonio, según cuenta la tradición, fue casto.
Señora y princesa de Sącz
En el año del Señor de 1257, a dos días del mes de marzo, en Korczyn, el príncipe Boleslao, a quien la posteridad llamó el Casto, entregó a su esposa la tierra de Sącz.
No lo hizo por mero capricho, sino como pago de la dote. Cuarenta mil marcos de plata había traído la princesa húngara, y todo ello se fue en levantar de las cenizas el principado que los tártaros, en 1241, habían asolado a sangre y fuego. El Atlas histórico de las ciudades polacas relaciona además esta donación con los fondos prestados para la fundación de Cracovia ese mismo año.
Con qué título poseía esta tierra es cosa por la que los eruditos aún hoy rompen lanzas. Unos hablan de plena propiedad con poder principesco; otros, de usufructo vitalicio; otros, siguiendo una copia de un documento de 1661, de una prenda sobre Sącz y 28 aldeas.
Una cosa es segura: desde entonces se tituló domina et princeps de Sandech, señora y princesa de Sącz.
De aldea a ciudad
«Fundación de la ciudad en 1257»: así lo escriben las guías, pero es una simplificación. El acta de fundación se perdió sin dejar rastro, y la fundación según el derecho alemán se data con prudencia entre 1257 y 1273.
Todavía el 4 de junio de 1268, en Korczyn, Kinga concedió la alcaldía rural de Sącz a un tal Pysz (Pyschon): Sącz era entonces una aldea con su alcalde de aldea.
Pero ya el 18 de abril de 1273, un documento que eximía a los vecinos de aranceles nombra al voit Michał, advocatus de civitate nostra Sandecz, el voit «de nuestra ciudad de Sącz». Entre esas dos fechas, la aldea se hizo ciudad. Otro privilegio aduanero llegó en 1278.
El trazado de la nueva ciudad seguía modelos de Spiš y de Hungría –Košice, Prešov, Levoča, Bardejov, Podolínec–, con la medida de la cuerda «pequeña», de 125 pies de largo. Kinga no trajo de su patria solo plata, sino también un modelo.
La iglesia parroquial quedó bajo la protección de santa Isabel y santa Margarita, tía y hermana de la duquesa.
La señora de Sącz cuidaba también de la comarca. Concedía molinos en Podegrodzie; eximió de tributos durante 30 años a los colonos de Gołkowice a cambio de desbrozar el bosque; y la parroquia de Biegonice recibió en 1269 su primera iglesia. El acta de fundación de Gołkowice, de 1276, la halló en el Ossolineum el profesor Stanko.
El convento de las damas pobres
En la parte occidental de la terraza se levantó un convento de franciscanos con la iglesia de San Estanislao, destinado a doce frailes. En 1287 se celebró en él un capítulo provincial.
El 7 de diciembre de 1279 murió Boleslao, y Kinga, ya viuda, se trasladó a Sącz.
El acta fundacional del convento de las clarisas lleva la fecha del 6 de julio de 1280. Kinga entregó a la comunidad la ciudad de Sącz con su aduana y 28 aldeas –entre ellas Biegonice, Barcice, Łącko y Zarzecze–, con sus ríos, molinos, estanques y colmenares. Aquel patrimonio fue de los mayores entre las clarisas polacas.
En 1281 la comunidad ya funcionaba, y las primeras hermanas llegaron de Skała. El papa Martín IV confirmó la fundación el 2 de julio de 1283, y hacia 1285 el arzobispo Jakub Świnka concedió indulgencias a quienes ayudaran a construir la iglesia del convento.
No faltó la disputa. Lesco el Negro, sucesor de Boleslao, ponía en duda los derechos de Kinga sobre la región de Sącz. El acuerdo, en el que medió el obispo Paweł de Przemanków, le dejó la tierra de Sącz a cambio de renunciar a Biecz y Korczyn.
Los tártaros a las puertas y los últimos años
En diciembre de 1287 y enero de 1288 llegó el espanto: una invasión tártara obligó a Kinga y a las hermanas a huir al castillo de los Pieniny, cerca de Krościenko.
Los tártaros quemaron la iglesia de madera de Biegonice, que Kinga reconstruyó en 1288. En enero de ese año, los húngaros derrotaron a un destacamento mongol circa castrum Zandech, «junto al castillo de Sącz». Si se trataba del recinto de Podegrodzie o de la ciudad misma, no se sabe.
Tras la tormenta llegó la calma del claustro. En 1288 Kinga comenzó el noviciado, y el 24 de abril de 1289 profesó de manos del obispo Paweł.
Si fue formalmente abadesa, las fuentes lo callan; como abadesa le sucedió Gryfina. El 21 de septiembre de 1291 comenzó su enfermedad, y el 24 de julio de 1292 Kinga murió en Stary Sącz. La sepultaron en una capilla de la iglesia del convento.
Dejó tras de sí un legado duradero. Las clarisas conservaron manuscritos musicales del siglo XIII: libros de canto llano con polifonía añadida y un fragmento de hacia 1300, copiado probablemente allí mismo, con el conductus Omnia beneficia. De él toma su nombre el actual festival de música antigua.
Pocos meses después de la muerte de Kinga, el 8 de noviembre de 1292, el rey Venceslao II otorgó el privilegio de fundación de Nowy Sącz. Para la ciudad de Kinga comenzaba una época nueva y más difícil.