El patio del convento de clarisas

Convento de las clarisas e iglesia de la Santísima Trinidad

Tras los muros donde rezan las clarisas desde 1280

Es el corazón espiritual de la ciudad. Aquí vivió y murió santa Kinga, aquí reposan sus reliquias, y las hermanas rezan tras estos muros sin interrupción desde hace más de siete siglos.

Era el 6 de julio de 1280 cuando la duquesa Kinga entregó a las clarisas Stary Sącz con 28 aldeas. Las hermanas iban a ser señoras de esta ciudad durante casi cinco siglos. La iglesia gótica de arenisca la consagró en 1332 el obispo Jan Grot. A caballo entre los siglos XVI y XVII se elevaron los muros y se abrieron en ellos troneras, y Jan di Simoni reconstruyó el convento en piedra.

El interior de la iglesia sorprende por la suntuosidad del barroco. El púlpito del «Árbol de Jesé» data de 1671, y los altares de mármol salieron del taller de Baltazar Fontana a finales del siglo XVII. En la capilla de santa Kinga reposan las reliquias de la fundadora. Las custodia una imagen de la santa en madera de tilo de hacia 1470.

Las hermanas sobrevivieron a la desamortización josefina, al incendio de 1764 y a dos guerras mundiales. En 1999, por primera vez en más de 700 años, salieron de la clausura para encontrarse con Juan Pablo II. Desde 2018 el conjunto del casco antiguo, con el convento, es Monumento Histórico. Recuerde que es un convento vivo y no un museo. Aquí se entra como quien va de visita: en silencio y con respeto.

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